Nuestra historia

Las Fiestas de Mayo:

Estas celebraciones se encuentran dentro de las más antiguas y populares de la humanidad, según afirma Haydée Toirac Maíque, acuciosa investigadora de la cultura popular tradicional cubana. Estaban vinculadas a las estaciones del año, especialmente al tránsito del invierno a la primavera. En sus propias palabras, el hombre antiguo celebraba así el renacimiento de la vida después del período invernal. Toirac Maíque refiere que, con el advenimiento del cristianismo, la iglesia oficial del Imperio Romano establece su calendario  litúrgico: los viejos cultos se sincretizaron con la nueva fe, y las ceremonias del equinoccio de primavera y del solsticio de verano devinieron nuevos ritos.

Estas festividades llegan a Cuba con la conquista y colonización española, cuando se desarrollan en este mes fiestas vinculadas con la tradición católica hispánica, que luego adquirirían elementos laicos. Según la historiografía católica, el 3 de mayo, Santa Elena, madre de Constantino El Grande –emperador que entronizó el cristianismo– se dice encontró la Cruz del Calvario, el madero en que fue crucificado Jesús, lo que se recoge  como el Día de Invención de la Cruz.

El fray Antonio de Alegrías:

A partir de 1752 llegan a nuestra cuidad un grupo de sacerdotes con el propósito de construir un convento u hospicio, ya que en la región no existía otra construcción religiosa que no fuera la iglesia parroquial. Y fueron precisamente los franciscanos los que trajeron a la ciudad una fiesta religiosa conocida como la Romería de la Cruz.

Dicha fiesta católica comienza a practicarse en la ciudad,  el 3 de mayo de 1790 cuando el fray Antonio de Alegrías, perteneciente a la orden de San Francisco llevó a cuestas hasta la cima una cruz de madera dejándola colocada de tal forma que podía avizorarse  desde diferentes partes de la ciudad. Comenzando así una tradición española a partir de la cual el Cerro del Vallado  se convirtió en  la Loma de La Cruz.

 

El Cerro Bayado o Loma de La Cruz:

Se encuentra al norte de la ciudad de Holguín y bordea el valle donde se fundó la población en el siglo XVIII. Pertenece al grupo orográfico Maniabón, nombre con el cual era conocida la antigua jurisdicción holguinera durante la colonia. Se ubica al este de la llanura Centro-Camagüey-Las Tunas, apreciándose su silueta a gran distancia, por lo que sirve de punto natural de referencia. Su altura es de aproximadamente ciento veintisiete metros sobre la ciudad.

Oscar Albanés Carballo, presidente de los Caballeros Católicos, promovió en 1927,  la construcción, en esta elevación natural, de una escalinata que posibilitara desarrollar en todo su esplendor la Romería de la Cruz. El proyecto ingeniero fue realizado por Vicente Biosca y comprendía no tan solo la escalinata, sino un conjunto de obras compuesto por capilla, rotonda, miradores y la reconstrucción del fuerte.

A pesar de la importancia de la obra, el ayuntamiento nunca aportó el presupuesto esperado. De ahí que el dinero para su ejecución fuera recaudado por Albanés mediante tómbolas y verbenas, así como la mano de obra, que contó con la ayuda del grupo de exploradores que él dirigía, los que en hombros o en lomos de mulos cargaron los materiales constructivos. La obra tardó veintitrés años, desde el 28 de enero de 1927 hasta el 3 de mayo de 1950, en medio de la desidia de los gobernantes de la época. Cuando estuvo terminada se convirtió en la escalinata más grande                                                del mundo, pues es anterior a la del Cristo de Corcovado, en Río de Janeiro, Brasil.

El  Cerro Bayado, durante la Romería de la Cruz de Mayo comenzó a llamarse Loma de la Cruz y tiempo después se convirtió en un espacio donde se manifestaban otras creencias de nuestro sincretismo religioso: en su cima habita Obatalá, divinidad yoruba, representada por la Virgen de las Mercedes.

Actualmente, cada día, en el pequeño altar de la cruz,  se mezclan toda una serie de ofrendas y bilongos (maleficios en contra de alguien): velas encendidas, diecisiete centavos para San Lázaro, “trabajos” con cintas rojas, manojos de yerbas, animales muertos… en tanto el mismo 3 de mayo hay denominaciones religiosas sui géneris como los espiritistas que asisten a ejercer su liturgia ante los ojos de los visitantes.

Otro hecho, muy relevante por su carácter simbólico ante la imposición con sangre y espada de la religión católica, es que en los alrededores del Cerro de la Cruz se reporte el hallazgo del Hacha de Holguín por un capitán español en 1860, y que constituya la pieza una de las manifestaciones de las culturas prehispánicas cubanas de mayor belleza entre las de su tipo.

Las Romerías de LA Cruz de Mayo:

A partir de la fecha, en que el Cerro Bayado comenzó a ser llamado Loma de la Cruz, los habitantes asumieron la jornada como pretexto para diversos festejos: la Romería de la Cruz de Mayo se conocía también como el Día de la Cruz, y luego de peregrinar desde la iglesia de San Isidoro, actual catedral, la procesión subía por toda la calle del mismo nombre, hoy Libertad, hasta la cima de la elevación, para hacer rogativas, encender velas e incienso y oficiar una misa junto a la cruz de madera.

En el periodo colonial, asistían a la Romería el Cabildo, Justicias, y el Regimiento de Holguín. Durante algunos años de esa etapa, los romeros se vestían como gitanos españoles y, posteriormente, solo llevarían adornos como pañuelos y sombreros. A partir de la misa, comenzaba una fiesta que duraba hasta el otro día, en la que se realizaban corridas de cintas y peleas de gallos. La parte laica de la festividad se hacía en las cercanías de la loma, con bailes populares, y por la noche, otros caseros.

Se acostumbraba a beber agualoja, bebida típica de los Altares de Cruz, chicha y vinos, más adelante cerveza y aguardientes. Se comía ajiaco, tamales, empanadas, dulces caseros y frituras, que se vendían en kioscos habilitados el día de la Romería. El área de la fiesta se ornamentaba con hojas de palma, y con bombillos luego de la electrificación.

El Periódico El Periquero en 1878 narra: Como era de esperar, la que tuvo lugar el Día de la Cruz por la tarde fue en extremo animada, pues casi todos los vecinos se dirigieron a aquel lugar; unos subieron a pie y otros a caballo hasta la cúspide y la parte mayor se quedó en las faldas. El contorno de la loma presentaba el más bello panorama y era tan compacta la cadena, que parecía que la formaban diez mil almas.

La música de los bomberos que partió con bandera desplegada desde la Plaza de Armas tocando alegre danza, hizo mover a todos y dirigirse al lugar de la reunión y posesionado en ese sitio continuó con otras piezas que le daban la animación que se deseaba. Poco antes de anochecer se retiró la muchedumbre para la población por la calle de San Isidoro hacia la Plaza de Armas, cada mochuelo se fue a descansar para su olivo, a descansar de la fatiga que ocasiona esa larga romería.

Entre la Romería de la Cruz de Mayo, que feneció alrededor de los años cincuenta y devino en fiesta pagana y popular, La Loma de la Cruz con su majestuosa escalinata, y el Hacha de Holguín como símbolo de resistencia cultural, comenzó a hilvanarse el tejido de la  joven historia de Las Romerías de Mayo.

El debate cultural de los noventa y Las Romerías de Mayo.

 

La década de los 90 fue la mejor prueba del alcance en el tiempo de “Palabras a los intelectuales”: la divisa de Fidel Castro ante la reivindicación de una libertad de creación ahogada en Europa del Este, (dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada), “salvó el vínculo histórico entre vanguardia artística y vanguardia política”

Pero el panorama de inicios de los 90 en la joven vanguardia artística cubana no era ya el más alentador: existía el antecedente de que en los primeros meses de 1989 había presentado su renuncia el único presidente electo por sus bases desde el Primer Encuentro Nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización de jóvenes escritores y artistas de toda Cuba.

Las expectativas de un congreso que legitimara los órganos de dirección, la construcción de  una sede central para la organización, y de una red de Casas del Joven Creador en cada provincia del país, con todos los medios necesarios de logística  –que eran proyecciones aprobadas en aquel encuentro fundacional con Fidel hacía cuatro años- se había ido disolviendo, como los apasionados planos y talleres de la fundación, en la medida en que la situación económica del país empeoraba.

Como amenazante telón de fondo estaba el planteamiento formulado por aquella Dirección Nacional de la AHS, la tesis de “la Necesaria Autonomía”, en una asociación que estaba subordinada a la Unión de Jóvenes Comunistas. Es cierto que en ningún caso, ni en los momentos más álgidos en que estos planteamientos provocaron la alergia en quienes tomaban decisiones en el departamento ideológico, –y que se ocuparon de tergiversarlos lo más enrevesadamente posible a la máxima dirección del país–, esa autonomía “nunca significaba desconocer la orientación política de la juventud comunista y el Partido Comunista de Cuba”. Los documentos de la Asociación Hermanos Saíz  ratificaban que más allá de cualquier coyuntura, se asumía el apoyo a la Revolución, al Partido y a Fidel.

Luego de un proceso de reorganización de la AHS y gracias a un nuevo liderazgo nacional, la organización salió adelante de un adverso contexto político, que casi todos los autores prefieren eludir. A partir de entonces, el debate de ideas sucedió progresivamente en medio de una dirección más representativa, donde existía el derecho de réplica, y el voto secreto y directo.

Para entonces, recién llegado a la ciudad de Holguín, el joven periodista Alexis Triana Hernández, se dedicó a rearmar la AHS en el entonces Pabellón Mestre, que era parte del Grupo de Recreación de la UJC. La exhortación a reagruparse partía, por supuesto, de la existencia misma de la organización en los municipios de dónde provenía: Moa, Banes, Báguanos, Calixto García y Mayarí respaldaron  la propuesta, junto a Alejandro Millán, director del Ballet del Teatro Lírico Rodrigo Prats; Frank Áreas, director de la camerata sinfónica y después del cuarteto de cuerdas La Misifá; Otilia González, bailarina clásica; entre tantos otros, que también habían sido elegidos como parte de una Dirección Provincial en 1990.

Al calor de los cambios políticos e ideológicos en el país, que tuvieron su colofón de los años 90 en adelante, también renacieron muchas fiestas populares tradicionales basadas en las religiones afrocubanas, y el propio espiritismo, originado en las provincias más orientales.

“Período especial”: Crisis económica y social en Cuba.

Las Romerías de Mayo no solo se fundan en los noventa. Su primera edición sucede apenas tres meses antes de los sucesos contrarrevolucionarios de agosto en La Habana de 1994, a los cuales fue a enfrentarse primero un grupo de valientes compañeros, a puñetazo limpio, desde el Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, en la Avenida del Puerto, donde ya residían las oficinas de la AHS; después, los constructores del “Contingente Blas Roca Calderío”, avanzando metro a metro con cuanto tuviesen a las manos y, de pronto, una digna marcha, a pie por la calle Reina, del propio Fidel Castro, seguido por sus más cercanos colaboradores y sin un arma en las manos.

En aquel contexto económico y social tan deteriorado, se logró mantener una unidad entre la vanguardia artística y política. Desde Holguín también se pronunció la juventud creadora, en un alegato que sucedió debajo de los balcones de La Periquera, el mismo lugar en que el Líder de la Revolución le había hablado al pueblo en las primeras semanas del Triunfo. Y ya entonces la AHS era una organización estructurada y con mucha membresía. Lo facilitó  una experiencia de autogestión que motivó a lo asociados e incrementó el interés por presentar proyectos de trabajo.

En medio de la mayor crisis económica del país, La Peña del Gajito, primero, en el patio de la “Casa del Ballet”, junto al trovador Ramiro Gutiérrez, y el “Gabinete Caligari” y las “Ruinas El Alba” después, facilitaron la reutilización de estos fondos en los proyectos propios, como la compra del primer vestuario a los grupos folclóricos y de danza contemporánea, o en la propia gestación de las Romerías de Mayo.

La AHS de Holguín reutilizaba los fondos captados como autofinanciamiento en esos proyectos artísticos y en los encuentros de las distintas manifestaciones artísticas, como puede leerse en el libro de Ana Lourdes Estrada Fernández sobre la fundación de “CoDanza: espíritu vivo del fuego”, publicado por Ediciones Hoguín; o “Historia del árbol que silba y canta”, sobre la Tertulia Martiana en Báguanos, de Rolando Bellido Aguilera, de la misma editorial.

Gestación del sistema de festivales y eventos:

“De la Aldea a la Isla, al Mundo.”

Uno de los lemas preferidos entre los jóvenes de la AHS, extraídos de la experiencia comunitaria en la Tertulia Martiana del municipio Báguanos, se entrelazaba con la aspiración de los poetas: Holguín, provincia del Universo. Su divisa principal: “De la Aldea a la Isla, al Mundo”, o sea, sin pasar por el pensamiento “habano-centrista” de que La Habana es el centro del universo y lo demás “área verde”. Lo prueba el hecho de que, para finales de 1999, el director de cultura de ese municipio, Alfredo Álvarez, fundador de la Hermanos Saíz, mostró a Fidel los pequeños folletos artesanales que hacían en viejas computadoras, donadas por manos amigas de Cuba en los casales de amistad de Cataluña, bajo el hermoso nombre de Defensem Cuba.

Existe una relación directa entre la Primera Fiesta Iberoamericana y el Encuentro de Presidentes AHS del Centro y el Oriente, en el trascendente 1992. Ahora se diluyen en el tiempo los propósitos del arqueólogo e incansable promotor Guarch del Monte, adelantado a su tiempo en la pasión de rebasar los estrechos marcos institucionales para la Casa de Iberoamérica; y si algo reconforta es reafirmar que su intervención en la historia de las nuevas Romerías rebasa el haber sugerido el lema de nuestro nuevo Festival Romerías de Mayo “Porque no hay hoy sin ayer”.

Lo referimos desde el Periódico La Luz en Octubre de 1994, editado especialmente por la celebración del evento,  en un editorial firmado por la AHS, apenas medio año después de intentar la primera de las nuevas Romerías:

Para nosotros lo peligroso era la rutina de muchas de nuestras instalaciones culturales antes del reto de este evento, y la pereza de nuestra intelectualidad que, sin inmutarse, contempló cómo sus similares en la Capital del Oriente lanzaron el Festival de la Cultura Caribeña (que pasó ya el número diecitantos), o cómo la Perla del Sur se conmocionaba con su festival internacional.

No es secreto que esta festividad apareció por iniciativa ministerial hace tres años; cualquier edición anterior está superada desde el mismo momento en que se intenta nuevamente, y que esta vez se trata de un proyecto cultural en ciernes que incluye al concierto de nuestras fuerzas culturales, bajo la égida de una naciente institución gubernamental como la Casa de Iberoamérica.

La hoja semanal, doblada en dos, del periódico que se publicaba entonces bajo el nombre de AHORA, Órgano del Comité Provincial del Partido en período especial, dedica el espacio posible a rememorar las sesiones en que Antonio Núñez Jiménez y José Manuel Guarch del Monte, Julio Le Rivered, entre otros renombrados intelectuales, asisten en el Hotel Pernik a la presentación de la hipótesis de Puerto Padre como el puerto padre de nuestra conquista, y a la defensa de Bariay como el lugar que el Congreso Nacional de Historia en 1940 ratificó como punto del desembarco de Cristóbal Colón, aunque la tarja se encuentre ubicada en la otra orilla por razones meramente económicas, y es que fue aportada por el dueño del ingenio Santa Lucía, cuyas instalaciones estaban a ese lado de la bahía.

Estamos sentando bases: ¿quién podría obviar que cambió la dirección de la Casa y se rearma su grupo de labor, y se tienen nuevas experiencias? Esta no es una Fiesta Iberoamericana más. Es otra que fortalece regresos en nuestra identidad regional, y aún mejor: a la de este espacio al Norte del Oriente, de cara al Atlántico, que presenció el Encuentro de Dos Mundos, que nunca será igual al Santiago caribeño (…) Nos detenemos como el cucharón de la buena catapulta, que a menor área de apoyo, mayor penetración. ¿Las Romerías de Mayo acaso no partieron de este Octubre fundador? Ahora es la verdadera paradoja: La Fiesta ya ganó…y tan sólo acaba de empezar. ¡Qué haya quienes se encaprichen en clasificar los árboles sin ver cómo crece el bosque convocado!  

Hoy, la recreación de la Romería de Mayo como festival internacional de jóvenes artistas y promotores culturales, es otra de las enormes, perseverantes utopías cubanas. Sucede en una limpia y orgullosa ciudad, trazada como Ciudad de los Parques, cuyo desarrollo la convierte en la que más ha crecido sobre sí misma en los últimos cincuenta años en la historia de la Isla. La carta de invitación que reciben los delegados en las cinco zonas geográficas del mundo, invitan a viajar a la tercera capital de Cuba, por la fuerza de sus industrias, la intensidad de un flujo turístico que sucede a La Habana y Varadero, y un movimiento cultural y artístico que no es segundo de muchos.

Súmele a todo ello aquella banderola siempre a la entrada del Gabinete Caligari, que proclamaba la prédica martiana de “Crear es pelear. Crear es vencer.”, máxima presente en todas las reuniones del Consejo de la AHS, en la “misa” diaria a la una de la tarde, cuando debatíamos desde las últimas noticias hasta el último centavo de los fondos para asignar a cada proyecto artístico, así como que las Romerías de Mayo necesitaban apostar al indispensable diálogo intergeneracional, a la continuidad y no a la ruptura.

Por ello, para poder ir más lejos cuanto sea posible, modificamos cualquier criterio o concepto. Holguín ha querido ser una plataforma de intercambio artístico desde la aldea, a la isla, al mundo. (Y no viceversa). Y lo inscribió como parte de su programa de desarrollo cultural, durante un decenio como mínimo; y entre sus objetivos de trabajo fijó un sistema de festivales y eventos que propiciaran el reconocimiento de su condición como capital cultural a la que asistir para poder legitimar una nueva producción artística.

Según las estadísticas captadas por el Ministerio de Cultura, la provincia de Holguín se mantenía a continuación de la provincia de Villa Clara en el nivel de oferta cultural. Su presupuesto clasificaba como el segundo del país, después de Ciudad de La Habana, y los objetivos del programa de desarrollo cultural refieren la aspiración de aquella AHS de convertirnos en una plataforma de incesante intercambio cultural.

Lo esencial y perdurable es que la Asociación Hermanos Saíz fue otra desde entonces, y es otra hoy nuevamente.

Y que no es pura coincidencia que la tradición de venir una vez al año a la ciudad de Holguín, con nuevas propuestas artísticas, haya perdurado como el abnegado trabajo que desde entonces y hasta hoy Rojas Gutiérrez ha desarrollado a favor de la cultura cubana. Él mismo, por cierto, ante miles y miles de una población desbordada en la clausura de las Romerías de Mayo de 1997, lanzó en su discurso como presidente nacional, la máxima que sería una de las coordenadas para nuestro empecinado proyecto como plataforma de intercambio cultural: “Holguín, Capital del Arte Joven.”